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Carrito de compra

Palabras del autor

DOOBLE nació de una experiencia que cambió mi vida para siempre: la pérdida de mi hijo en un accidente.

Hay momentos que dividen nuestra existencia en dos. Un antes y un después. Momentos para los que nadie está preparado y que nos obligan a mirar de otra manera aquello que creíamos importante, lo que perseguimos, lo que acumulamos y, sobre todo, el valor que damos a las personas y al tiempo que compartimos con ellas.

De ese lugar nació Ed.

Su historia no es la mía. **DOOBLE** es una novela, sus personajes pertenecen a la ficción y la extraordinaria situación que plantea también. Pero algunas de las preguntas que acompañan a Ed durante su camino sí nacieron de preguntas muy reales.

¿Qué sucede cuando perdemos algo que ningún dinero puede recuperar?

¿Qué significa realmente tener?

¿En qué momento lo suficiente deja de ser suficiente?

Y, quizá la más difícil: ¿qué hacemos con nuestra vida después de que la vida nos cambia para siempre?

Entonces apareció en mi imaginación Dooble: algo capaz de duplicar prácticamente cualquier cosa. Una posibilidad extraordinaria que, en apariencia, podría resolver problemas, generar una fortuna y poner un poder inimaginable en manos de una sola persona.

Pero pronto comprendí que lo verdaderamente interesante no era preguntarme **qué podría hacer Dooble**, sino **qué haríamos nosotros si lo tuviéramos**.

Así comenzó esta historia.

A partir de ahí dejé que Ed recorriera su propio camino. Que se equivocara, que tuviera miedo, que sintiera ambición, que creyera tener el control y que descubriera las consecuencias de sus decisiones. Lo rodeé de misterio, aventura, peligro y personajes que lo obligarían a avanzar incluso cuando quizá lo más sensato habría sido detenerse.

Pero detrás de todo eso permaneció siempre la misma inquietud.

Pasamos buena parte de nuestra vida buscando más: más éxito, más dinero, más seguridad, más reconocimiento, más cosas. Y a veces necesitamos que algo sacuda profundamente nuestra existencia para preguntarnos cuánto de aquello que perseguíamos era realmente importante.

No escribí **DOOBLE** para ofrecer respuestas. Escribí una historia.

Pero sí me gustaría que, mientras la lees, además de acompañar a Ed en esta aventura, alguna de sus preguntas termine acompañándote a ti.

Porque quizá todos tenemos nuestro propio Dooble.

Algo que deseamos, algo que perseguimos, algo que creemos que nos hará felices cuando finalmente lo consigamos.

Y quizá la pregunta no sea cuánto podemos llegar a tener.

Quizá sea **cuánto necesitamos realmente para descubrir el valor de lo que ya tenemos**.

Gracias por abrir estas páginas y acompañarme en este viaje.

**Peter Gaudier**

Fragmento de lectura

El hombre se incorporó. Nichols quedó sorprendido al verse rebasado por el gigantesco personaje. Probablemente era mayor que su nuevo amigo; llevaba puesta una gabardina, pero podía apreciarse que era de complexión musculosa. Traía un sombrero de piel, similar al que el actor Hugh Jackman había usado para su personaje de Van Helsing; una larga y blanca cabellera descansaba sobre sus hombros y por momentos brillaba con destellos plateados. Tenía una mirada penetrante.

—Si no es indiscreción, ¿cuánto mides?

Con voz grave y tono pausado, sonrió ligeramente antes de contestar:

—Digamos que soy más alto que Nat: dos metros veinte.

—¡Wow! ¿Jof? Es un nombre inusual.

—Así es, me lo han dicho muchas veces. ¿Qué quieres que te diga? Es el diminutivo de Jofiel.

—¡Jofiel! ¿En serio?

—Fue idea de mi Padre.

—Entiendo. Jof te queda mejor. Mucho gusto.

—Te noto incómodo. ¿Pasa algo?

Ed no había caído en la cuenta de que estaban siendo observados por un desconocido sentado a un par de mesas de distancia.

—Con franqueza, reconozco que no me entusiasmé cuando Nat me sugirió venir a sentarme contigo. No es personal; es sólo que, a raíz de una serie de eventos complicados en mi vida, me he vuelto antisocial.

—Entiendo, Ed. Si te molesta, tienes la libertad de sentarte en otro lugar o retirarte. No me lo tomaré a mal.

—¡No! No me malinterpretes, ahora estoy muy a gusto disfrutando de tu compañía.

—Tampoco se lo tomes a mal a Nat. Él, al igual que yo, siempre busca servir. Digamos que él me encamina almas y yo me encargo del resto, ja, ja, ja.

Aunque Nichols le siguió la broma, no pudo evitar mirarlo con incredulidad.

—¿Tú puedes ayudarme? No sabes nada de mí, excepto lo poco que te ha compartido tu amigo. Apenas me conoces.

—Sé más de ti de lo que imaginas. Entiendo que actualmente estás enfocado en desarrollar ideas con las que puedas amasar una gran fortuna; tan grande que les permita a tu familia y a ti vivir en la opulencia, ser felices y no volver a preocuparse por tener carencias. ¿Voy bien o me regreso?

—Vas bien. Estoy muy cerca de terminar de definir mi proyecto para hacerlo realidad.

—¡Bien! ¿Cuándo esperas llevarlo a cabo?

Ed no pudo evitar aclararse nerviosamente la garganta antes de compartir su mentira.

—Ya estoy en los últimos detalles. Es cuestión de días.

—Me da gusto. Entonces no será necesario que te muestre lo que tenía pensado obsequiarte.

Simulando calma, pero con una enorme ansiedad por saber qué le ofrecía el gigante, no pudo evitar preguntarle:

—¿Tienes algo que ofrecerme? Me gustaría saber de qué se trata.

—Ed, es algo real, probado y poderoso que tengo desde hace mucho, mucho tiempo. Literalmente, es un parteaguas.

Nichols frunció el ceño. Semejante aseveración le sonaba fantástica; en tono sarcástico, exclamó:

—¡No me digas! ¿El santo grial, acaso? Es una broma, ¿no?

—¿Me ves riendo? Lo que te ofrezco puede cambiar el curso de la historia, pero seguramente no te interesa. Tú ya tienes algo concreto; olvida lo que dije.

—Espera, Jof. Te pido una disculpa, no era mi intención ofenderte. Es sólo que de verdad lo presentas como si fuera el santo grial o el arca de la alianza.

—Digamos que podrías considerarlo a esa altura. ¿Te interesa?

—Sí. ¿De qué se trata?

—Bien, una prueba habla más que mil palabras. ¿Me permites?

—Adelante.

Jof se agachó, cogió una mochila de senderismo de tela gastada, la abrió y sacó una caja forrada de piel desgastada, con un cerrojo y una hermosa llave. Era similar a un joyero antiguo; en la tapa estaban impresas dos gotas de color dorado.

—¡Claro! ¡Una caja es capaz de cambiar el curso de la historia! Jof, tengo que reconocer que por un momento me habías atrapado con tu oferta.

—Ten paciencia. En unos minutos veremos si cambias de opinión.

El hombre giró dos veces la llave y abrió la caja. Su interior estaba forrado con fieltro verde, similar al empleado en las mesas de billar. Contenía un frasco color ámbar, como los utilizados en la medicina homeopática, que estaba empotrado; a su lado, igualmente empotrado, había algo parecido a una unidad de memoria.

—¡Vaya! Avísame cuándo puedo empezar a reírme.

—Soy yo quien va a reírse con la cara que vas a poner. Ten un poco de fe.

—Lamentablemente, la perdí con la partida de mi muchacho. Desde entonces, el de arriba y yo estamos a media correspondencia, ¿sabes?

—Creo que vas a recuperarla.

Jof solicitó un vaso con agua y lo puso delante de Ed.

—Tómate la mitad; descuida, es potable.

Ed accedió y dejó nuevamente el vaso sobre la mesa. Jof cogió una servilleta de papel y la frotó contra la palma y los dedos. Abrió el frasco con cuidado, lo inclinó sobre su mano y dejó caer una gragea de un dorado intenso y brillante. Parecía una pepita de oro; era hermosa y llamativa. La cogió delicadamente con los dedos pulgar e índice, se la mostró a Ed y la echó en el vaso.

En pocos segundos, el agua empezó a borbotear. El nivel del líquido subió hasta duplicar su contenido. Nichols, sorprendido, aplaudió y exclamó:

—¡Qué buen truco!

—No es magia.

—Vamos, Jof. Jugaste con mi cerebro mediante algún tipo de ilusión óptica o cambiaste el vaso.

—Nada de eso. Te presento a Dooble —se escribe con dos oes—. Tiene la capacidad de actuar en cualquier líquido y duplicar la cantidad con la que entra en contacto.

—¿De qué demonios estás hablando?

—¡Baja la voz!

El extraño sentado en la mesa contigua había alcanzado a ver parte de la demostración; sin embargo, no estaba seguro de si sus ojos o su mente le habían hecho la jugarreta de imaginárselo. Ed, por su parte, se levantó, miró al techo y, llevándose las manos a la boca, buscó las palabras indicadas para expresar su escepticismo.

—Te recuerdo la ley de la materia: «No se crea ni se destruye, sólo se transforma».

—Exactamente. Dooble logra transformarla.

—¡No es la misma cantidad! ¡La está creando!

—Sé que es difícil de procesar. A simple vista aparenta crearla, pero no es así: ocurre un desdoblamiento de una serie de ingredientes infinitesimalmente pequeños que se expanden de manera sorprendente.

—Suena complicado.

—Lo es. Hay algo aún más sorprendente: las propiedades químicas del líquido se conservan y Dooble no deja ningún rastro de su contenido.

—¿Qué estás diciendo?

—Lo que oyes. Una vez que ha hecho efecto, no puede saberse si entró o no en contacto.

—¡Es imposible! No me cansaré de repetirlo.

Ante el asombro y la incredulidad de Ed, el gigante cogió el vaso y tomó un trago. Con una sonrisa burlona, agregó:

—Y sí, mi amigo, sigue siendo solamente agua. Ahora soy yo quien se burla por la cara que pusiste. Ja, ja. Vamos, pruébala; verifícalo por ti mismo.

Ed la probó sin dudarlo: era inodora, insípida e incolora. Quiso interrumpirlo con más preguntas, pero Jof se lo impidió levantando las manos.

—No he terminado. Tengo que enfatizar que una sola de estas pequeñas grageas doradas duplicará cualquier cantidad de líquido, sin importar lo grande que sea. ¿Alcanzas a comprenderlo?

—¡Por favor! Es imposible.

—¿Para quién lo es?

Una mirada a la obra

Edward Michael Nichols tenía una vida que muchos considerarían perfecta: éxito profesional, estabilidad económica y una familia construida durante años. Pero la muerte de su hijo Chris rompe ese equilibrio y deja en él una pregunta mucho más difícil de responder que cualquier problema al que se haya enfrentado: ¿qué hacer con una vida cuando aquello que le daba sentido ya no está?

Un viaje a Oaxaca parece ofrecerle apenas una pausa en medio del duelo. Hasta que conoce a Jof.

Misterioso, desconcertante y dueño de respuestas que Ed nunca le ha dado, Jof pone en sus manos algo imposible: Dooble, una sustancia capaz de duplicar cualquier líquido con el que entra en contacto sin alterar sus propiedades.

Una sola posibilidad basta para cambiarlo todo.

Agua. Combustible. Medicamentos. Metales. Recursos que podrían transformar industrias, resolver problemas que la humanidad lleva siglos intentando superar y convertir a su propietario en uno de los hombres más poderosos del planeta.

Ed cree haber recibido la oportunidad de su vida. Quizá incluso la oportunidad de darle un nuevo propósito.

Pero poseer algo que todos querrían tener también significa convertirse en el hombre del que todos quieren algo.

Lo que comienza como un descubrimiento extraordinario pronto arrastra a Ed a un peligroso entramado de intereses científicos, gubernamentales y criminales. NASA, agentes federales, organizaciones del narcotráfico y personajes dispuestos a cualquier cosa por apoderarse de Dooble comienzan a cerrar el cerco. Las identidades cambian, las lealtades se vuelven inciertas y cada decisión aumenta el precio de conservar aquello que parecía un regalo.

Porque Dooble no solo multiplica materia.

También multiplica la ambición, el miedo, la codicia y las consecuencias.

Mientras intenta proteger a su familia y encontrar una salida al laberinto que él mismo ayudó a construir, Ed comienza a comprender que quizá Jof nunca le entregó Dooble para hacerlo rico, ni para cambiar al mundo.

Quizá se lo entregó para ponerlo a prueba.

¿Qué estarías dispuesto a perder si pudieras tener el doble de todo?

DOOBLE es un thriller de ciencia ficción especulativa que combina misterio, persecución, crimen y aventura con una inquietante reflexión sobre el poder, la ambición y esa eterna obsesión humana por tener más.

Porque, algunas veces, obtener aquello que podría darte todo es precisamente lo que puede arrebatártelo todo.